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jueves, 8 de diciembre de 2011

Catequesis con cuentos - Conversión

En la catequesis de jóvenes y adultos hay un tema un poco difícil de afrontar. Hablar de la conversión, del propósito de enmienda y de todo lo que eso implica nos pone por delante más de una dificultad. Los cuentos sirven para los chicos y también para los grandes, así que les comparto ésta pequeña historia que seguro les podrá ayudar.

"Don Enrique quería mucho a su caballo. Diariamente le gustaba montarlo, y había designado a uno de sus trabajadores de más confianza para que lo tuviera siempre listo, y le prodigara el alimento y los cuidados necesarios para que aquel animal viviera tranquilamente.

Por aquellas cosas que uno no sabe explicar y que simplemente "pasan", el caballo de Don Enrique cayó a un pozo profundo, donde se pensaba construir una cisterna que proveyera del líquido vital al rancho de aquel buen señor...

Hicieron muchos esfuerzos para sacar al animal, pero todo parecía empeorar la situación. El caballo sufría, y a Don Enrique se le partía el corazón...

No viendo otra solución, y tratando de "aminorar el dolor" del animal, Don Enrique mandó a su trabajador que echara tierra sobre el caballo, sacrificándolo. Sin embargo, el animal, al sentir la tierra sobre su cuerpo, con grandes esfuerzos podía sacudírsela un poco, la tierra caía y éste, poco a poco, pero constantemente, trataba de salir de aquel problema.

Don Enrique se llenó de esperanza. A mayor cantidad de tierra, mayores esfuerzos, y mejores resultados. Así estuvieron hasta que, exhausto pero notablemente contento, el caballo salió, demostrando que se pueden superar las dificultades..."

Seguir a Cristo implica necesariamente un cambio de vida, dejar morir el "hombre viejo". Pero ese cambio no es fácil, ni tampoco instantáneo. Muchas veces hay recaídas y por lo tanto desánimo. De ahí que sea necesario luchar y dejarse ayudar por la gracia de Dios. Eso sí nunca "tirar la toalla", nunca renunciar ni echar la vista atrás. Cristo vino para hacer darnos vida abundante.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

sábado, 22 de octubre de 2011

Catequesis con cuentos - La importancia del ejemplo

Uno de las lecciones que no podemos descuidar cuando se trata de educar en la fe, es la importancia del testimonio de vida. Ser cristiano significa tambie´n ser testigo de Cristo, propagar el cristianismo a través de nuestro ejemplo. Nos toca, como catequistas, dar a nuestros catequizandos buen ejemplo y enseñarles también el impacto que nuestro comportamiento tiene en la vida de los demás.
Hemos de enseñarles que nuestro mal ejemplo puede inducir a otros al pecado, esto es, enseñarles lo que es el pecado de escándalo. Pero no podemos quedarnos ahí, porque la educación debe ser positiva. Por eso hemos también de enseñarles lo que significa el testimonio de vida cristiana y cómo es que el ejemplo arrastra, mientras las palabras sólo pueden llegar a convencer.

Les comparto esta pequeña historia que creo nos puede servir muy bien para enseñar esta lección tan importante:

La Gota de lluvia

"Hacía tiempo que no llovía... la sequía "ganaba terreno"... los pastos estaban palideciendo y muriendo, poco a poco, a lo largo de las tristes hectáreas de un poblado muy lejano...

Don Pepe, recio y experimentado agricultor, había depositado toda su confianza en la siembra... apenas si su trabajo rendía para subsistir el año y no podía "darse el lujo" de perder su única esperanza...


Bien sabía que su esfuerzo era necesario, pero mucho más la fe en su Creador... Así que rogó, desde el fondo de su corazón, que cayera la lluvia suficiente para alimentar a sus hijos, a su esposa, a quienes esperaban su cosecha... Esperaba y esperaba... y no se cansaba de esperar...

Un buen día pasó por allí una nubecita feliz... volaba sin rumbo fijo, dejándose llevar por los vientos... Don Pepe miró hacia el cielo y su confianza se "activó"...

En la nube jugaban millones y millones de gotitas de agua... seguras y alegres, sin ninguna preocupación... pero una de ellas volteó hacia la tierra, y vio los campos, y vio a Don Pepe... y se puso muy triste...

Sabía que ella era una simple "gota de agua", que apenas podría humedecer un milímetro de aquellas áridas tierras, que su esfuerzo podría no surtir ningún fruto... pero se decidió, y renunciando a su seguridad, se despidió de sus compañeras y se dejó caer...

Al ver su ejemplo, las demás comprendieron que "hay que morir para dar vida", y la siguieron... y la tierra se fertilizó, y los frutos llegaron, y aquella región volvió a sonreír...

Y la gota de agua... podría tener tu nombre..."

Dicen que "Una golondrina no hace verano" pero es verdad que una debe ser la primera y que las demás la seguirán después. No podemos pasar indiferentes y quedarnos de brazos cruzados pensando que somos poca cosa y que nada cambiará. Somos instrumentos de Dios  y Él siempre ha hecho grandes cosas, basta dejarnos guiar por Él.

P. César Piechestein
elcuracatequista

sábado, 7 de mayo de 2011

Catequesis con cuentos - La Avaricia

En una buena ocasión, una mujer acudió con el sacerdote de su parroquia a solicitarle un favor: "Padre - le dijo - , soy una persona "avara", quisiera quitarme este vicio..."

El sacerdote pensó un momento, y después le dijo a aquella mujer: "Acompáñeme a la sacristía".

La mujer lo siguió. Una vez allí, el padre la colocó delante de una ventana, y le preguntó: "¿Qué es lo que ve usted?" La mujer respondió: "Veo a la gente..." - "¡Muy bien!" Contestó el padre, quien la colocó entonces delante de un espejo y le volvió a preguntar: "Y ahora, ¿qué es lo que ve usted?" La mujer le dijo: "Me veo a mí misma". "¡Eso! - continuó el sacerdote - Eso es lo que se ve cuando uno tiene ante sí un poco de plata (la única diferencia que hay entre un vidrio y un espejo: un poco de plata). 

Quiere usted combatir la Avaricia, comience a apartarse de la plata, así podrá verse no sólo a sí misma, sino a todos los demás, y velar por sus intereses también..."

Cuando Jesús le dijo al joven rico que lo dejara todo y lo siguiera en lugar de mirar por la ventan y descubrir todo lo que significa ser discípulo del Señor, se quedó pensando sólo en sus bienes. No se trata del dinero, sino de la incapacidad de pensar en los demás, del egoísmo. Se puede ser avaro y pobre al mismo tiempo, así como rico y generoso. El problema no son los bienes materiales, sino que la "plata" no nos deje ver a los demás.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

jueves, 3 de febrero de 2011

Catequesis con Cuentos - Las virtudes teologales

Les comparto este cuentito que nos puede ayudar como instrumento en la catequesis. No es tan fácil hacerles comprender a los catequizandos el valor de las virtudes teologales y como éstas van sosteniendo nuestro peregrinar en el mundo. Perderlas sería empobrecernos terriblemente, pero conservarlas sin tenerlas en cuenta, sin hacerlas crecer llevándolas a actos concretos, es también un desperdicio. Creo que la historia nos da todas las pautas para ver como esta riqueza que recibimos en el bautismo se hace patente en las circunstancias más cotidianas.

TRES PIEDRAS PRECIOSAS
Cuentan los cuentos que, el primer árabe que se aventuró a cruzar el desierto, se encontró junto a una cueva con un anciano de aspecto venerable quien le preguntó:
- Joven, ¿A dónde vas?
- Quiero cruzar el desierto, hombre de Dios...

El anciano quedó pensativo un momento, y luego añadió:
- Deseas algo difícil. Para cruzar el desierto te harán falta tres cosas: Toma estas piedras. Este topacio es la fe, amarillo como las arenas del desierto; esta esmeralda es la esperanza, verde como las hojas de las palmeras; y este rubí, es la caridad, rojo como el sol de poniente. Anda siempre hacia el sur y encontrarás el Oasis de Náscara, donde vivirás feliz. Pero no lo olvides: Por nada pierdas ninguna de las piedras, de lo contrario, no llegarás a tu destino.

El joven se puso en camino, y recorrió primero ágilmente y conforme fue pasando el tiempo más penosamente kilómetro tras kilómetro a través de las dunas amarillentas del desierto, montado sobre su camello.

Un día le asaltó una duda:
- ¿No me habrá engañado el anciano? ¿Y si no existiera el Oasis que me prometió, y el desierto no tuviera realmente fin?

Ya iba a volverse, cuando notó que "algo" se le había caído sobre la arena... Era el topacio. El joven se bajó para cogerlo y pensó:
- No, no. Tengo que confiar en la promesa del anciano. Seguiré mi Camino.

Pasaron muchos días. El sol, el viento, el frío de la noche, y la falta de víveres le iban agotando. Sus fuerzas desfallecían y ni una palmera ni una fuente se veían por el horizonte sin fin... Ya iba a dejarse caer del camello para aguardar la muerte bajo su sombra, cuando notó que se le caía algo al suelo... Era la esmeralda. El joven se bajo a recogerla y se dijo:
- Tengo que ser fuerte... tal vez, un poco más allá, estará el Oasis. Si no sigo, moriré sin remedio. Mientras tenga un soplo de vida continuaré mi viaje.

Siguió el joven su camino, cuando encontró un pequeño charco de agua junto a una palmera. Ya iba a lanzarse sobre aquel diminuto "oasis" cuando vio los ojos de su camello suplicantes y tiernos, como los de un hombre pordiosero, solicitando el agua. Pensó, entonces, que debería tener piedad de su animal desfallecido... él aún podía resistir un poco más, y el camello lo había llevado hasta allí... entonces, dejó que la bestia bebiera aquellos pocos sorbos.

¡Cuál no sería su asombro cuando el camello cayó muerto a sus pies! El agua estaba corrompida, y su animal se envenenó... En el suelo, notó el joven que brillaba el rubí, que se le había caído, y lo recogió, dando gracias al Cielo por haber recompensado su generosidad, y evitado su muerte.

Sintió ánimos renovados, y después de un corto trayecto, alzó la mirada y vio a lo lejos unas palmeras: ¡Era el oasis de Náscara! Al llegar, encontró junto a una limpia fuente, a un anciano que le sonrió alegremente y le dijo:
- Has llegado a tu destino puesto que has conservado las tres piedras preciosas: La fe, la esperanza y la caridad. ¡Ay de ti si hubieras perdido alguna!, ¡hubieras perecido sin remedio!
El anciano, después de ofrecerle agua fresca y dátiles, se despidió de aquel joven diciéndole:

- Guarda siempre, a lo largo de tu vida, muy cerca de tu corazón, el topacio, la esmeralda y el rubí. Sólo así llegarás a cualquiera que sean tus metas... ¡Nunca los pierdas!

P. César Piechestein
elcuracatequista

martes, 4 de enero de 2011

Catequesis con cuentos

Uno de los elementos que sirven como instrumento pedagógico de la catequesis es el realto. Sirven para este fin las fábulas, cuentos, anécdotas y cualquier relato al que se le pueda sacar una enseñanza. Les comparto esta pequeña historia que encontré hace unos días:
Hace mucho tiempo, en una región rural de nuestro país, cuenta la historia que los habitantes de una noble población, durante las fiestas de Navidad, en plena efervecencia decembrina, se pusieron de acuerdo para hacer un majestuoso nacimiento, muy típico, muy tradicional ...

Ni tardos, ni perezosos, todos ellos fueron a sus casas y comenzaron a traer lo que creían que era adecuado:

¡Que no nos olvidemos del Niño!
- Un hermoso Portal, hecho de madera de pino, fresquecito y muy bien barnizado.
- Un pesebre decente, con paja real.
- Los peregrinos, recién pintados y con finas expresiones.
- Animalitos de todo tipo, grandes y pequeños.
- Heno, musgo, arena... todo lo necesario para recrear selvas, bosques, desiertos...
- Pastores y pastoras, en las más variadas situaciones.
- Un hermitaño, leyendo las Escrituras.
- Un infierno terrorífico, con sus diablitos y toda la cosa.
- Un firmamento lleno de estrellas, y angelitos colgando con hilos trasparentes.
- Un río "natural", una fuente, un pozo...

Todo era hermoso; llenaron mucho espacio, y la gente estaba muy contenta, pero... un pequeñito apuntó cuando la obra parecía terminada:

¿Y dónde está el Niñito Dios?

Entonces, los adultos, llenos de vergüenza, no supieron qué contestarle...

Así nos puede suceder cuando nos empeñamos tanto en prepararnos para la Navidad con regalos y banquetes, adornos y arbolito ... y hasta el pesebre. Todo esto siempre será menos importante que celebrar la Encarnación del Hijo de Dios. Ayudemos a nuestros catequizandos a encontrar el sentido de la Navidad y de todas las fiestas religiosas. Que la alegría del encuentro familiar y de la celebración no los alejen del encuentro personal con el Niño Dios.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista