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sábado, 22 de noviembre de 2014

Consumo de drogas en menores de edad - Tips para la catequesis



Desde hace dos años, en Ecuador, se despenalizó el consumo de drogas. La explicación que nos dieron fue que no se debía castigar a una persona que había desarrollado una adicción, sino que más bien era necesario extenderle la mano. Aunque el argumento es válido, los resultados han sido desastrosos. Nuestros niños y adolescentes que ya hace rato viven en un ambiente permisivo, interpretaron esa ley como una luz verde al consumo de todo tipo de drogas, que los narcotraficantes hábilmente logran poner a su alcance a muy bajos costos. En suma, nos encontramos frente a la masificación del consumo de estupefacientes.


Esa situación que ha invadido los centros de educación, los barrios y los hogares, no ha dejado libre tampoco el ambiente parroquial. Ya hemos tenido que lidiar con el flagelo y tenemos más preguntas que respuestas. Sin embargo hoy quisiera proponerles una idea que podría servirnos de ayuda: amarse o autodestruirse.

También en mi adolescencia tuve la oportunidad de usar drogas y no lo hice, busqué el porqué y recordé la razón. Mis padres y la comunidad cristiana que me formó, me enseñaron a amarme a mí mismo. Entendí que si Dios me ama es porque soy digno de ser amado y por lo tanto aprendí a amarme. Además sólo amándome a mí mismo es que puedo saber cómo debo de amar a mi prójimo. Quien no se ama es capaz de hacerse daño, de autodestruirse.

El tema de la autodestrucción en los adolescentes lo venimos viendo desde hace algunos años. Nos sorprendieron los chicos “emo” cuando supimos que se cortaban o herían para expresar sus frustraciones. Ahora han tomado el camino de la droga, pero el fundamento es el mismo: no se aman.

Hoy, como siempre, es urgente que todo ser humano descubra y entienda que es amado infinitamente por Dios, por ese Cristo que no dudó en sacrificar su vida para darle la Vida eterna, la felicidad plena. Amemos a nuestros niños y jóvenes, para que aprendan ellos a amarse a sí mismos y sabrán rechazar las drogas y cualquier cosa que le cause daño a su cuerpo o a su alma. Empecemos hoy, porque los “hijos de las tinieblas” nos están ganando las almas.

Hasta el Cielo

P. César Piechestein
elcuracatequista

miércoles, 6 de agosto de 2014

Catequesis y Pastoral de Conjunto

Cuando San Pablo afirma que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, habla muy en serio. Nosotros somos los miembros de ese cuerpo, con distintas funciones, ministerios y carismas, pero siempre un solo cuerpo del cual Cristo es la cabeza. De ahí que en una Iglesia local o diócesis, sea tan necesario tener esa conciencia de ser un cuerpo, de trabajar siempre con el único objetivo que mueve a toda la Iglesia universal: la salvación de las almas.

La catequesis es parte integral de ese cuerpo y tiene una misión tan importante como definida: la educación en la fe de todos los fieles (no sólo de los niños y jóvenes). Y esa educación se hace por delegación del obispo, quien es el primer responsable de la enseñanza en la diócesis.

Es precisamente por esa unidad del cuerpo, que una parroquia no se puede aislar en ningún sentido, porque estaría separándose y un cualquier miembro que se separa del cuerpo termina muriendo. Toda parroquia necesita estar integrada al plan pastoral de la Iglesia local, incluyéndose en las diversas actividades programadas desde la diócesis. En cada parroquia se debe reflejar la organización diocesana, en cada una de las áreas pastorales trazadas por el pastor. Quizás no siempre se logre al 100 %, por falta de personal o por la juventud de la comunidad parroquial, pero siempre se debe mantener la marcha hacia el objetivo.

En cuanto a la catequesis parroquial, es imprescindible que esté integrada al departamento de catequesis de la diócesis. Esa integración fortalecerá el proceso y permitirá a los catequizandos integrarse a la diócesis y no sólo a determinada parroquia. El uso de los textos oficiales, pensados para la realidad diocesana, la participación de los catequistas en la escuela de formación de la diócesis, la unidad en el método, etc, ayudarán a hacer más eclesial nuestra catequesis, más diocesana, más católica.


No olvidemos nunca que la necesaria unidad depende de cada individuo, cada catequista y cada parroquia serán gestores de esa pastoral de conjunto, tan anhelada y necesaria.

P. César Piechestein
@elcuradetodos

martes, 1 de julio de 2014

Catequesis y ejemplo de vida - San Agustín


SI BUSCARE AGRADAR A LOS HOMBRES, NO SERIA SIERVO DE CRISTO

Esta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia. Hay hombres que juzgan temerariamente, que son detractores, chismosos, murmuradores, que se empeñan en sospechar lo que no ven, que se empeñan incluso en pregonar lo que ni sospechan; contra esos tales, ¿qué recurso queda sino el testimonio de nuestra conciencia? Y ni aun en aquellos a los que buscamos agradar, hermanos, buscamos nuestra propia gloria, o al menos no debemos buscarla, sino más bien su salvación, de modo que, siguiendo nuestro ejemplo, si es que nos comportamos rectamente, no se desvíen. Que sean imitadores nuestros, si nosotros lo somos de Cristo; y si nosotros no somos imitadores de Cristo, que tomen al mismo Cristo por modelo. El es, en efecto, quien apacienta su rebaño, él es el único pastor que lo apacienta por medio de los demás buenos pastores, que lo hacen por delegación suya.

Por tanto, cuando buscamos agradar a los hombres, no buscamos nuestro propio provecho, sino el gozo de los demás, y nosotros nos gozamos de que les agrade lo que es bueno, por el provecho que a ellos les reporta, no por el honor que ello nos reporta a nosotros. Está bien claro contra quiénes dijo el Apóstol: Si buscare agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. Como también está claro a quiénes se refería al decir: Procurad agradar a todos en todo, como también yo procuro agradar a todos en todo. Ambas afirmaciones son límpidas, claras y transparentes. Tú limítate a pacer y beber, sin pisotear ni enturbiar.

Conocemos también aquellas palabras del Señor Jesucristo, maestro de los apóstoles: Alumbre vuestra luz a los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre celestial, esto es, al que os ha hecho tales. Nosotros somos su pueblo, el rebaño que él guía. Por lo tanto, él ha de ser alabado, ya que él es de quien procede la bondad que pueda haber en ti, y no tú, ya que de ti mismo no puede proceder más que maldad. Sería contradecir a la verdad si quisieras ser tú alabado cuando haces algo bueno, y que el Señor fuera vituperado cuando haces algo malo. El mismo que dijo: Alumbre vuestra luz a los hombres, dijo también en la misma ocasión: No hagáis vuestra justicia delante de los hombres. Y del mismo modo que estas palabras te parecían contradictorias en boca del Apóstol, así también en el Evangelio. Pero si no enturbias el agua de tu corazón, también en ellas reconocerás la paz de las Escrituras, y participarás tú también de su misma paz.

Procuremos, pues, hermanos, no sólo vivir rectamente, sino también obrar con rectitud delante de los hombres, y no sólo preocuparnos de tener la conciencia tranquila, sino también, en cuanto lo permita nuestra debilidad y la vigilancia de nuestra fragilidad humana, procuremos no hacer nada que pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano más débil, no sea que comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura pisoteemos los pastos de Dios, y las ovejas más débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber un agua enturbiada.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Militarizar la Catequesis - Tips para la Catequesis


Hace pocos días iniciamos la catequesis en mi parroquia. Este año hemos sido bendecidos con un número todavía mayor de catequizandos y esto nos exige más cuidado y mejor organización. Y es que cuando de distribuirlos, ubicarlos y devolverlos se trata, tenemos todo un procedimiento que puede llegar a parecer exagerado, tanto como para que alguien diga que “en San Alejo la catequesis está militarizada”.

Quizás podría aceptar que se puede sentir algo de “militar” en nuestra catequesis, pero quisiera que se pusiera cualquiera a dirigir más de doscientos niños evitando que la Misa y el ingreso o egreso de la catequesis se convierta en caos o estampida. La cosa es seria y pienso que más bien habría que descubrir el lado positivo de la “militarización”.

Manejar grandes cantidades de personas exige mucha organización, aunque para ser sinceros, también el criterio vale para manejar a pocas. Lo que cuenta es que todo en la catequesis tiene que ser enseñanza. Saber conservar el recogimiento en el templo, ayudar a los demás a orar y celebrar la liturgia, son detalles muy importantes y que deben ser enseñados. Respetar a los más pequeños, evitar empujones y mantener la calma, son expresiones de respeto y caridad.

La disciplina que se enseñaba en las escuelas (en mis tiempos, no se ahora) parecería bastante útil para enseñar compostura. Formar fila, saludar a los maestros y a la bandera, no correr en las escaleras o los pasillos, no masticar chicle en el aula o gritar, son “detallitos” de buena conducta y disciplina que considero valiosísimos.

Creo que “militarizar” la catequesis podría estar produciendo una nueva generación de católicos que sepan comportarse en el templo y fuera de él. Nadie podrá negarme el valor que tienen la urbanidad y los buenos modales, que lastimosamente cada vez se enseñan menos. Les digo sinceramente que mientras nadie me muestre un método mejor, seguiré serenamente militarizando mi catequesis parroquial.

P. César Piechestein

elcuracatequista

martes, 13 de agosto de 2013

Armonizar doctrina y vida cristiana - Tips para la catequesis




Creo que hemos escuchado muchas veces decir que en nuestras comunidades cristianas se nota un divorcio entre fe y vida. Parece que nos cuesta mucho ser coherentes con la fe que profesamos. No es extraño, por ejemplo, que una pareja inicie la convivencia sin haber recibido primero el sacramento del matrimonio. Es necesario, y yo diría urgente, lograr que nuestra Iglesia se destaque por una vida cristiana auténtica. Y es la catequesis una de las herramientas más importantes en ese proceso que debe reconciliar la fe y la vida.



Sin  embargo el desafío es grande. Hemos pasado de textos de catequesis o de doctrina cristiana, donde con el método de preguntas y respuesta, se memorizaba las verdades de la fe (sin una reflexión o aplicación en la vida cotidiana) o textos que hablan solamente sobre la praxis cristiana y el análisis de la realidad (carentes de marco doctrinal). Y nos quedamos con el fenómeno del péndulo. Obviamente ninguno de los extremos resulta eficaz cuando de formar un cristiano completo se trata. 

Nos toca encontrar el punto de equilibrio, la armonía que dan el fundamento doctrinal de la vida cristiana. Gracias a Dios nuestros textos de catecismo son cada vez más completos: hecho de vida, citas del Evangelio, mensaje cristiano explicado y desarrollado, además de aplicado a la vida. El mismo Catecismo de la Iglesia Católica que ya cumplió sus 20 años de publicación, es un instrumento completo en sí mismo. Tendría que ser, junto a la Biblia, el texto de cabecera no sólo de todo catequista, sino de todo católico que se tome en serio su vida y su fe.

Asumamos el reto de formar en la fe a las nuevas generaciones, dándoles una doctrina sana y completa que ilumine cada dimensión humana. Que nuestras reuniones de catequesis sean un espacio de reflexión, formación y oración; que nuestros grupos de catequesis sean pequeñas comunidades donde se aprenda a vivir en cristiano.

P. César Piechestein
elcuracatequista

miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Por qué es importante la genuflexión? - Tips para la catequesis

Siempre se dice que en una construcción el acabado cuenta mucho, más aún cuando se trata de un mueble o una artesanía. Los detalles tienen, en esos casos, un grandísimo valor. Cuando se trata de nuestra fe y de cómo la exteriorizamos, también los detalles tienen un valor muy grande. Por eso hoy quisiera que toquemos el tema de la genuflexión.

Creo que a todo catequista le debería de preocupar la actitud que los catequizandos (y sus familiares) tengan dentro del templo y más aún, durante las ceremonias litúrgicas. Cierto es que algunos insisten en que lo que cuenta es la disposición interna, pero lo interior se manifiesta siempre exteriormente. Les invito a leer esta reflexión que nos hace el Beato Manuel González:

Un barómetro espiritual raro

  "¿Queréis saber a qué altura de fe, instrucción religiosa y piedad, se encuentra el alma de cualquier cristiano?
   Ved lo que dobla delante de Jesús sacramentado.
   ¿Ligeramente el cuello o la cintura? Pocos grados de aquélla o ninguna.
   ¿Un poquitín la rodilla? Un grado más.
   ¿Una rodilla en tierra? Otro grado más.
   ¿Las dos rodillas y la cabeza inclinada? ¡Eche usted grados!
   No me meto en explicar la relación entre la piedad del espíritu y la flexibilidad de los músculos; la encomiendo a los psicólogos.
   Me limito a hacer notar el fenómeno y pedir al Amo nos dé muchos católicos de dos rodillas."
(En busca del Escondido, Obras Completas n.2745, Beato Manuel González)

¿Qué les parece?  Muy cierto y hasta nos saca uno sonrisa ¿o no? Creo que haría mucho bien si lo compartimos en la catequesis y hasta en los grupos pastorales. Tiene mucho valor a los ojos de Dios que le tributemos el culto de adoración que le corresponde sólo a Él y además la genuflexión es un acto de fe, por lo tanto al hacerlo estamos profesando públicamente que creemos en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Termino recordándoles que cada vez que pasamos por delante del Sagrario y entramos o salimos del templo, debemos hacer la genuflexión simple (una rodilla, la derecha). Cuando el Santísimo Sacramento está expuesto se debe hacer la genuflexión doble, es decir, ambas rodillas se deben doblar e inclinar la cabeza. No son ritualismos (como algunos dirían) sino la manera en que se debe saludar al Rey de reyes y Señor de señores.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

lunes, 12 de diciembre de 2011

La importancia de la Misa Dominical - Los "Por qué" de la Catequesis

Uno  de los más grandes retos para un catequista hoy es lograr que los catequizandos (y sus familias) comprendan la importancia de la Eucaristía dominical. Creo que todos logramos más o menos que participen durante el año lectivo, pero apenas comienzan las vacaciones vemos cómo los domingos "brillan por la ausencia" nuestros catequizandos. La Carta "Dies Domini" del Beato Juan Pablo II es un excelente instrumento para la catequesis, por eso les invito a compartir algunos números de la misma.

Primer argumento que debemos usar es que el domingo es un día de descanso precisamente para poder participar de la vida parroquial, en especial de la Santa Misa y cumplir así el tercer mandamiento de la ley de Dios, que han seguro han aprendido de memoria.

"14. El día del descanso es tal ante todo porque es el día « bendecido » y « santificado » por Dios, o sea, separado de los otros días para ser, entre todos, el « día del Señor ».
18. Dado que el tercer mandamiento depende esencialmente del recuerdo de las obras salvíficas de Dios, los cristianos, percibiendo la originalidad del tiempo nuevo y definitivo inaugurado por Cristo, han asumido como festivo el primer día después del sábado, porque en él tuvo lugar la resurrección del Señor."

Pero no basta con saber que el domingo es un día reservado para Dios, sino que deben conocer también el por qué, la razón por la cual hemos de celebrar el Día del Señor:

"25. El domingo es pues el día en el cual, más que en ningún otro, el cristiano está llamado a recordar la salvación que, ofrecida en el bautismo, le hace hombre nuevo en Cristo. « Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos » (Col 2,12; cf. Rm 6,4-6).
30. Se comprende así por qué, incluso en el contexto de las dificultades de nuestro tiempo, la identidad de este día debe ser salvaguardada y sobre todo vivida profundamente."

Se puede celebrar de muchas maneras y alguno dirá que lo puede hacer en su casa. El Papa Beato nos enseña cómo es que hemos de celebrar un día tan especial:
"32. La dimensión intrínsecamente eclesial de la Eucaristía se realiza cada vez que se celebra. Pero se expresa de manera particular el día en el que toda la comunidad es convocada para conmemorar la resurrección del Señor. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña de manera significativa que « la celebración dominical del día y de la Eucaristía del Señor tiene un papel principalísimo en la vida de la Iglesia »."

Finalmente Juan Pablo II nos recuerda quienes tenemos la misión de enseñar la importancia del domingo a la comunidad cristiana y en especial a los niños:

"36. A este respecto, se ha de recordar que corresponde ante todo a los padres educar a sus hijos para la participación en la Misa dominical, ayudados por los catequistas, los cuales se han de preocupar de incluir en el proceso formativo de los muchachos que les han sido confiados la iniciación a la Misa, ilustrando el motivo profundo de la obligatoriedad del precepto. A ello contribuirá también, cuando las circunstancias lo aconsejen, la celebración de Misas para niños, según las varias modalidades previstas por las normas litúrgicas."

Estos son sólo unos poquitos números de una magnífica carta. Los invito a dedicarle un tiempo a su lectura, de seguro les ayudará mucho a valorar más profundamente una jornada consagrada al Creador y al Resucitado. Para encontrar el texto completo da un clic AQUI.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

viernes, 11 de noviembre de 2011

Enseñar a rezar bien - Los "Por qué" de la Catequesis

Una de las tareas del catequista es enseñar bien las oraciones del cristiano a sus catequizandos. Ya hemos tocado el tema de la importancia de la memoria en el aprendizaje y en el caos de las oraciones se aplica el mismo principio. Lo que bien se aprende, nunca se olvida y nos tiene que preocupar que cada miembro del grupo de catequesis aprende a rezar rezando y para lograrlo han de comenzar por memorizar las oraciones.
A alguno rezar le parece cosa antigua, pasada de moda o de viejitas “beatas”. Veamos lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre este tipo de oración:

"2704 La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente humana. Pero incluso la más interior de las oraciones no podría prescindir de la oración vocal. La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél “a quien hablamos” (Santa Teresa de Jesús, Camino de perfección, 26). Por ello la oración vocal se convierte en una primera forma de oración contemplativa."

Ciertamente existen otros métodos de oración y todos nos ayudan a crecer en vida interior, pero no podemos despreciar el más sencillo y quizás más antiguo de ellos. Repetir, una y otra vez, las oraciones que aprendimos de memoria nos ayuda a alabar a Dios, a ponernos en contacto con Él. Es difícil para quien comienza un camino en la vida cristiana empezar con métodos que requieren un espíritu más maduro. La oración vocal es como los primeros pasos de quien empieza a caminar.

Eso sí es indispensable aprender bien las oraciones principales. Y digo aprenderlas bien porque son muchos los hermanos que van acomodando, agregando o quitando palabras de las oraciones. Justo ésta semana me tocó escuchar la segunda estrofa de un Avemaría que decía así: Santa María Madre de Dios (y madre nuestra) ruega (señora) por nosotros (los) pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte amén. Me imagino que a ustedes también les habrá tocado escuchar cosas parecidas. Las oraciones son un instrumento y un tesoro, donde cada palabra tiene un sentido. Si se cambian, se cambia también el sentido y por eso hay que respetarlas tal cual están.

"2701 La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el “Padre Nuestro”. Jesús no solamente ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición exultante del Padre (cf Mt 11, 25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf Mc 14, 36)."

Espero que ésta semana cuando encuentren a sus catequizandos recuerden ésta reflexión y les enseñen a rezar bien. Seguro que no será teoría, pues a hablar con Dios se aprende viendo hacerlo a quien nos educa en la fe. Así que recen con su grupo de catequesis siempre.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

miércoles, 5 de octubre de 2011

Orientar a los catequizandos - Los "Por qué" de la catequesis

Jesús es el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre. Ellas reconocen su voz y lo siguen. Es precisamente ésta imagen del pastor la que nos lleva a afirmar que el catequista debe procurar desarrollar un sano interés por cada uno de sus catequizandos. Vincularse, involucrarse, adentrarse en la vida de las almas que se nos han confiado, es parte importante del proceso de educación en la fe.

A todos seguramente nos ha sucedido a lo largo de nuestro proceso de educación, el toparnos con un maestro que fue más allá del deber de dictar su materia. Son esos educadores los que hacen la diferencia en sus discípulos. No se conforman con impartir conocimientos académicos, sino que procuran orientar y formar para la vida. Un catequista deberá hacerla, precisamente porque como agente de pastoral, como educador en la fe, está llamado a acompañar al catequizando, a guiarlo en sus primeros pasos en la vida espiritual.

No lo podemos considerar una tarea simple, porque no lo es. Pero también es cierto que todo lo grande empieza pequeño. Hemos de iniciar por desarrollar un sincero interés por la vida de cada uno de nuestros chicos. Preocuparnos de saber sobre su situación familiar, sus aspiraciones y sueños. Este sano interés hará surgir en ellos confianza, porque descubrirán que nos preocupamos por ellos. El simple hecho de preguntarles cómo están y prestarles atención, tendrá ya un impacto positivo en su estado de ánimo.

Todos sabemos que la situación de la sociedad actual está cada vez convulsionada y las víctimas más afectadas son precisamente los más pequeños. Es ahí donde debemos intervenir como evangelizadores, como orientadores, ayudándoles a comprender y sobre todo a descubrir el camino a la luz de la fe. Y será siempre a través de la Palabra de Dios, sobre todo del Evangelio, que podremos guiarles. Además podemos hacer de puente entre ellos y el sacerdote, que es quien funge en la comunidad como padre y pastor.

 La oración, la escucha atenta, la preocupación sincera y una recta intención nos permitirán influenciar positivamente en la vida de esos pequeños que, la Iglesia y Jesús nos han confiado.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

lunes, 5 de septiembre de 2011

Vínculo entre la Confesión y la Comunión - Los Por qué de la Catequesis

Hace poco me sorprendía sobre cuánto se desconoce sobre la relación entre la confesión sacramental y la comunión eucarística. En gran parte es culpa nuestra, que como catequistas no hemos sido claros al explicar a los niños un tema tan esencial. Son dos saramentos que están íntimamente vinculados, ya que no se puede recuperar la gracia de Dios sin la Confesión, y si no estamos en gracia no podemos comulgar.

El Beato Juan Pablo II en su encíclica "Dominicae cenae" afirma:
"Acerca de la estrecha vinculación, existente entre el Sacramento de la Penitencia y el de la Eucaristía llamé ya la atención en la Encíclica «Redemptor hominis». No es solamente la Penitencia la que conduce a la Eucaristía, sino que también la Eucaristía lleva a la Penitencia. En efecto, cuando nos damos cuenta de Quien es el que recibimos en la Comunión eucarística, nace en nosotros casi espontáneamente un sentido de indignidad, junto con el dolor de nuestros pecados y con la necesidad interior de purificación."

Y es que para poder acercarnos a comulgar hemos de estar en gracia de Dios, es decir, sin haber cometido pecado mortal. Cuando cometemos un pecado grave, perdemos la gracia santificante, nos separamos de la comunión con Dios, estamos espiritualmente muertos y esto nos impide recibir la Eucaristía que es un sacramento de vivos. El único camino es la Confesión de nuestros pecados, puesto que será la absolución la que nos devolverá la gracia. No se puede, aunque algunos digan que sí, ir a comulgar y luego confesarse, aunque sea inmediatamente después de la Comunión. Primero se recupera la gracia y después se comulga.

"No obstante debemos vigilar siempre, para que este gran encuentro con Cristo en la Eucaristía no se convierta para nosotros en un acto rutinario y a fin de que no lo recibamos indignamente, es decir, en estado de pecado mortal. La práctica de la virtud de la penitencia y el sacramento de la Penitencia son indispensables a fin de sostener en nosotros y profundizar continuamente el espíritu de veneración, que el hombre debe a Dios mismo y a su Amor tan admirablemente revelado."


Algunos se confunden pensando que hay que confesarse cada vez que uno va a comulgar, cosa que no es necesaria. Si no hemos cometido un pecado mortal desde la última Confesión, podemos comulgar con tranquilidad pues no hemos perdido la gracia. Eso sí, es recomendable no dejar pasar demasiado tiempo entre confesión y confesión, la recepción frecuente del sacramento de la Reconciliación ha sido siempre recomendada.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

jueves, 28 de julio de 2011

Catequista y Evangelio van juntos - Los "Por qué" de la catequesis

Evangelización y educación de la fe son dos cosas distintas, pero que van de la mano. Hoy en día no podemos pensar que nuestros niños llegan al catecismo para ser educados en la fe, pues muchos de ellos carecen de la fe práctica. Son víctimas de la secularización que ha invadido sus hogares y a sus mismos padres. Familias donde no se reza, donde rara vez se participa de la Santa Misa, donde muchos de éstos pequeños no han visto nunca comulgar a sus padres. Frente a ésta situación nos toca evangelizarlos, para luego poder enseñarles la doctrina cristiana. Hemos de presentarles a Cristo, para a continuación enseñarles su mensaje.

Este es el reto más grande de la catequesis contemporánea, hacer que la catequesis y la evangelización sean conjugadas en nuestros encuentros y la verdad es que no es un reto totalmente nuevo. Ya el Beato Manuel González, como obispo de Málaga afirmaba:

"Queréis que los niños -y cuando hablo de niños en esta materia diviso muchas y numerosas clases de niños-, ¿queréis, repito, que los niños vean la doctrina? Dadles más historias de Evangelio que lecciones de texto de catecismo, procurad que conozcan primero quién fue Jesús, qué hizo, en dónde vivía y en dónde sigue viviendo y después lo que enseñó con su palabra."(Dichos, hechos y lecciones)

Ya es común que en muchas parroquias se les pida a los niños que lleven, además del libro de catecismo, una Biblia o el Evangelio. Además en el texto se nos ofrecen citas bíblicas que nos ayudan a familiarizar al niño con la Palabra de Dios, pero eso sólo no basta. No podemos pensar que con ayudarles a tener contacto con la Biblia ya hemos logrado llevarlos a Jesús.

"Las ideas, por muy santas que sean, es menester entenderlas muy a fondo para amarlas; las personas, cuando son buenas, basta conocerlas un poco para quererlas. Se ha olvidado, desgraciadamente, que no son los mejores cristianos los que mejor saben teología, sino los que más firmemente creen y más lealmente se unen y aman a Jesús."(Dichos, hechos y lecciones)

No se trata de convertir nuestros encuentros catequéticos en cursos bíblicos, sino de presentarles a Cristo, al Verbo encarnado. Y para eso lo primero y más importante es que nosotros, catequistas, lo conozcamos. ¿Conoces y amas a Jesucristo?

Me da mucha pena encontrarme tantas veces con cristianos que no han leído los Evangelios. Cómo conocer a Jesús si no has leído lo que está escrito de su vida, de sus obras, de sus palabras. Y es que nadie da lo que no tiene. Sólo un catequista que esté familiarizado con el Evangelio podrá evangelizar, será capaz de leer y contar las historias ahí contenidas. Siendo un enamorado de Cristo, podrá hablar de Él con autoridad, porque lo conocerá.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

sábado, 23 de julio de 2011

Buen uso de las dinámicas - Los "Por qué" de la catequesis

No soy un experto en pedagogía lúdica, pero soy un convencido de la eficacia que las dinámicas tienen dentro de la labor catequética. Aunque a muchos les pueda parecer algo un poco difícil eso de ponerse a cantar y a bailotear con los catequizandos, me limito a recordar una afirmación del Beato Manuel: “El mejor maestro es el que tenga más gracia y cuente más con ella”. No podemos olvidar que cuando hablaba de gracia se refería tanto a la natural, como a la sobrenatural.

Así que lo primero será no tener miedo al supuesto “ridículo”, puesto que será la vía más corta y eficaz para entrar en contacto con los niños. Cierto que antes que nada tendrá el catequista que tomarse el tiempo necesario para aprender las canciones, con todo y su mímica, porque sino le sería imposible luego poder enseñarlas.

El primer efecto que produce la dinámica es el de romper el hielo. Es necesario (lo hemos recordado en varias ocasiones) que el encuentro de catequesis sea distinto de una clase de escuela. Probablemente las dinámicas podrán colaborar generando un ambiente diverso, sin que el aspecto lúdico signifique perder el valor del contenido del encuentro. Generar un ambiente agradable, acogedor, generará una mayor participación y atención en el grupo.

Otro efecto deseado será el de despertar a los niños cuando éstos, sea por el clima, por las actividades previas o cualquier otro factor, se van adormentado o distrayendo. La dinámica devuelve la energía positiva y derrota el aburrimiento. Por más cansados que parezcan, una dinámica en el momento justo, los pondrá otra vez bien dispuestos.

Existe sólo un efecto indeseado de las dinámicas, obviamente cuando se da el abuso de las mismas. Utilizarlas para quemar tiempo o llenar espacios hace que los niños no las tomen en serio (en sentido de importancia). Pueden convertirse en una pérdida de tiempo si no son realmente parte del encuentro. Por último, no se puede olvidar que son sólo un medio, un instrumento, no pueden ser consideradas como un objetivo de la catequesis.

Como conclusión les dejo mi experiencia. Desde que tenía quince años que uso las dinámicas como recurso tanto en catequesis, como en animación grupal y nunca me han defraudado. Y teniendo el cuidado del caso, no sólo sirven para trabajar con niños, sino que funcionan de perlas también con jóvenes y adultos. Así que manos a la obra … a aprender dinámicas y a usarlas.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

sábado, 9 de julio de 2011

La importancia de la devoción en la Primera Comunión - Los "Por qué" de la catequesis

Muchas veces me preguntan por qué no permito sacar fotos durante la Misa de las primeras comuniones. Y la respuesta es bastante concreta: no debemos distraer a los niños mientras van a recibir a Jesús Sacramentado. Claro que es una respuesta lógica, pero detrás de ella hay una verdad doctrinal muy importante ligada al fruto espiritual del sacramento.

Debemos recordar que todo sacramento produce dos tipos de fruto: el que depende sólo del mismo sacramento y el que depende de la disposición que tenga quien lo recibe. Siempre que recibimos la comunión recibimos toda la gracia que el sacramento produce de suyo. Y así sucede con cada uno de los demás sacramentos. Aún una comunión recibida mecánicamente producirá en quien la recibe ese fruto “ex opere operato”.

Por el contrario, quien no prepara su espíritu para recibir un sacramento, aunque siempre podrá recibir el fruto “ex opere operato”, perderá buena parte sino la totalidad del fruto “ex opere operantis”, es decir aquel fruto que se recibe sólo si se está verdaderamente dispuesto.

La preparación que hacemos en la catequesis no es solamente doctrinal. Nuestro objetivo es acercar a los catequizandos a Dios, ayudarles a crecer en la fe, a tener un encuentro personal con Cristo. Si hemos cumplido con esa misión, al llegar el día de la primera comunión, nuestros pequeños estarán con toda la disposición espiritual para acoger a Jesús Sacramentado. Nuestra tarea como catequistas será cuidar esa disposición, esa devoción que se ha ido cultivando en el corazón de cada catequizando. Si la ceremonia se transforma en una “fiesta de pueblo”, llena de barullo, gente que no sabe ni donde está, fotógrafos por doquier, compitiendo unos con otros para ver quien logra sacar la foto en el momento que el niño saca la lengua … habremos perdido mucho de lo cultivado hasta entonces.

Me pregunto de qué servirá entonces tener la bendita foto del momento en que el niño recibió la Eucaristía por primera vez, si el precio fue hacerle perder el fruto espiritual que con tanto empeño se había procurado que ganara. No creo que valga la pena.

Padre, padrinos y catequistas tenemos el deber de acompañar a quienes se acercan a recibir un sacramento con nuestra oración y nuestro testimonio. Será así que le ayudaremos a ganar todas las gracias que Dios le quiera regalar. Hagamos de cada celebración un encuentro con Dios y habremos hecho el mejor de los bienes a nuestros catequizandos.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

martes, 12 de abril de 2011

El orden de los Mandamientos - Los "Por qué" de la catequesis

Creo que a todos nos ha pasado que , cuando enseñamos los mandamientos de la ley de Dios, los catequizandos nos hagan la pregunta: ¿debemos aprenderlos en orden?. Parecerìa algo indiferente el que los memoricen en orden, pero en realidad tiene una gran importancia. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia Católica:

2066 La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. El presente catecismo sigue la división de los mandamientos establecida por san Agustín y que ha llegado a ser tradicional en la Iglesia católica.

Si miramos con atenciòn nos daremos cuenta que los mandamientos son enumerados en un orden de importancia descendente. Los tres primeros que hacen referencia a Dios, a nuestra relaciòn con Él. Los siguientes siete que se refieren a nuestra relaciòn con el pròjimo, comenzando con los màs cercanos que son nuestros padres.

2067 Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otros siete más al amor del prójimo.
«Como la caridad comprende dos preceptos de los que, según dice el Señor, penden la ley y los profetas [...], así los diez preceptos se dividen en dos tablas: tres están escritos en una tabla y siete en la otra» (San Agustín, Sermón 33, 2, 2). 
Si tenemos en cuenta que la mayorìa de los examenes de conciencia siguen ese orden y que se nos ha enseñado que en la confesiòn debemos de mencionar siempre primero los pecados màs graves, es importante memorizarlos en orden. Algunos exámenes de conciencia y tambièn muchos catecismos los proponen relacionàndolos, es decir: el sexto y el noveno, el segundo con el octavo, el sèptimo con el dècimo, etc. En ese caso sigue siendo bastante ùtil el que los aprendamos en orden, pues tambièn para relacionarlos se lo hace tambièn en orden descendente.

2064 Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y una significación primordiales.

2065 Desde san Agustín, los “diez mandamientos” ocupan un lugar preponderante en la catequesis de los futuros bautizados y de los fieles. En el siglo XV se tomó la costumbre de expresar los preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas, fáciles de memorizar, y positivas. Estas fórmulas están todavía en uso hoy. Los catecismos de la Iglesia han expuesto con frecuencia la moral cristiana siguiendo el orden de los “diez mandamientos”.

Queda demostrado entonces, no sólo la importancia, sino también la conveniencia de que los catequizandos memoricen los mandamientos de la ley de Dios en orden. Seguro que basta con ponerle un poco de atención y motivarlos a aprenderlos, puesto que serán siempre el marco moral que les acompañará en su vida cristiana.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista