"Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a todas las gentes"

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viernes, 20 de agosto de 2010

Grandes Catequistas - Balduino de Cantorbery, obispo

Una profunda explicación sobre el Ave María que nos ayuda a entender mejor su significado. Seguro nos servirá para explicarla más claramente a nuestros catequizandos.

A la salutación angélica, con la que diariamente saludamos, con la devoción que nos es posible, a la santísima Virgen, acostumbramos a añadir: Y bendito es el fruto de tu vientre. Esta cláusula la añadió santa Isabel, después que la Virgen la hubo saludado, repitiendo las últimas palabras de la salutación angélica: Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Este es el fruto del que dice Isaías: Aquel día el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento. Este fruto no es otro que el Santo de Israel, el cual es al mismo tiempo semilla de Abraham, vástago del Señor y flor que sube de la raíz de Jesé, fruto de vida del que hemos participado.

Bendito, ciertamente, en la semilla y bendito en el vástago, bendito en la flor, bendito en el don, bendito, finalmente, en la acción de gracias y en la confesión. Cristo fue semilla de Abraham y de David, según la carne.

Él fue el único entre todos los hombres que se vio colmado de toda bondad, ya que se le dio el Espíritu sin medida, de modo que sólo él pudo cumplir toda justicia. Su justicia, en efecto, bastó para todos los pueblos, según está escrito: Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos. Éste es el brote de justicia, adornado, para mayor abundancia, con la flor de la gloria. ¿Y qué gloria? La mayor que podamos imaginar o, mejor dicho, mayor que la que podamos imaginar. Un vástago, en efecto, subirá de la raíz de Jesé. ¿Hasta dónde? Hasta lo más alto, ya que Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. Su majestad ha sido exaltada sobre los cielos, para que el vástago del Señor sea joya y gloria, y el fruto del país honor y ornamento.

¿Y cuál es el fruto que nosotros sacamos de este fruto? De este fruto bendito recibimos el fruto de bendición. De esta semilla, de este vástago, de esta flor, proviene el fruto de bendición que llega hasta nosotros; primeramente como semilla, por la gracia del perdón, después como brote, por el aumento de nuestra justicia, finalmente como flor, por la esperanza o la consecución de la gloria. Bendito, en efecto, por Dios y en Dios, esto es, para que Dios sea glorificado en él; bendito también para nosotros, para que benditos por él seamos glorificados en él, ya que, por la promesa hecha a Abraham, Dios le dio la bendición de todos los pueblos.

lunes, 5 de julio de 2010

Catequista y Comunidad

¿Por qué es necesario que el catequista esté integrado en una comunidad cristiana?


Esta es una pregunta que me han hecho varias veces. Parece obvio que un catequista como servidor de una comunidad sea también parte de una pequeña comunidad, donde caminar en el fe. Lamentablemente esto no se da en muchos casos y es por o tanto muy difícil que uno que no vive en comunidad, enseñe a otros la importancia de ser parte de una. Creo que esta es una de las razones por las que muchos de nuestros catequizandos "desaparecen" luego de recibir los sacramentos.

Cristo nos llama a todos a la santidad. Se dice rápido pero es una empresa que nos puede tomar toda la vida y no nos alcanzaría el tiempo si pretendemos hacerlo solos. Cabe aquí recordar el ejemplo de las piedras del río. La razón de que sean lisas y redonditas es que la fuerza del agua las empuja y hace chocar unas con otras, de manera que con el “proceso” se van limando sus asperezas y van tomando forma. El “proceso” es la clave, pues sin él no alcanzamos la santidad. Y es un “proceso” que no se puede hacer a solas, se necesitan otros que te conozcan y te quieran y que estén dispuestos a caminar contigo.

Razones hay un montón, pero voy a enumerar sólo unas pocas:
- Jesús formó una pequeña comunidad con sus doce discípulos. Con ellos caminó durante tres años. Fue un “proceso” que les ayudó a madurar, a aprender el mensaje de Jesús y sobre todo a amarlo profundamente (todos menos uno). Este primer núcleo es el modelo de la comunidad cristiana. Hay que reconocer que no siempre se llevaron muy bien, como cuando los hijos de Zebedeo pidieron los puestos principales, pero como las piedras del río, se fueron puliendo. Los Apóstoles formaron comunidades en los pueblos donde se predicaba la Palabra. No bastaba con creer y bautizarse, era necesario que la comunidad se reuniera a celebrar la Misa, a catequizar a los nuevos miembros, a organizarse para ayudar a los pobres, para visitar a los enfermos y encarcelados, etc. La comunidad se organizaba para todo esto, se mantenía unida para poder crecer y madurar.

- Nuestra Iglesia durante dos mil años ha seguido este “proceso”. Cada Iglesia o diócesis está dividida en parroquias, que a su vez se dividen en distintas pequeñas comunidades (grupos parroquiales o movimientos apostólicos). Así cada cristiano tiene un grupo limitado de personas con las que realizar el “proceso”. En tu pequeña comunidad puedes ser formado de manera más personal, pues te conocen. Si te conformas sólo con ser parte de una parroquia, serás uno más de los cientos o miles que la conforman. En tu comunidad sales del anonimato y te conviertes en un hermano.

- San Pablo es contundente cuando afirma que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y que nosotros somos los miembros de este Cuerpo. No debemos separarnos del Cuerpo pues moriríamos. Así mismo en la pequeña comunidad somos distintos como los miembros de un cuerpo, pero funcionamos en comunión. Cada uno pone sus talentos y dones específicos al servicio de la comunidad. Unos son cantores, otros catequistas, otros animan la liturgia, etc. Pero no debemos confundir el ministerio con la comunidad. Mi ministerio me permite servir a la comunidad, pero no me exonera del “proceso”. Si me excluyo de la comunidad y me dedico sólo a la acción, al ministerio, nunca haré mi “proceso”. La comunidad es imprescindible como camino a la santidad.

Concluyo dándoles mi testimonio. Yo camino desde hace veinte años en una comunidad. No he alcanzado la santidad, pero la formación y lo poco que he avanzado en la vida cristiana ha sido gracias a mis hermanos en Cristo. En comunidad descubrí mi vocación al sacerdocio, por eso puedo afirmar que la comunidad es también necesaria para quien quiera descubrir su llamado. La mayoría de mis hermanos siguieron la vocación al matrimonio y hoy son hogares cristianos, Iglesias Domésticas. Y seguimos sirviendo a Dios en la evangelización.

Deseo de todo corazón que cada uno de ustedes haga la misma experiencia. Que descubran a Cristo en el hermano y que sean como las piedras del río. Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradecatequista

domingo, 30 de mayo de 2010

Piedad hostiocéntrica - Beato Manuel González


Sí, sí, la Eucaristía-Sacrificio y Comunión no es otra cosa o acción, o pormenor o modo de nuestra vida sobrenatural, sino esto sólo: Centro de ella.

Es decir, que desde el instante en que hemos recibido por el bautismo la gracia que nos hace miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y por el uso de la razón, conocimiento de que tenemos en la tierra Misa y Comunión, si hay lógica y justicia e instinto de conservación entre los hombres, lo primero, lo urgente, lo culminante, lo esencial de cuanto hayamos de saber, querer, buscar y hacer, debería ser esto: asistir a Misa comulgando en ella … y lo demás de la vida, sea religiosa, social, familiar, individual, todo, todo lo demás en pos de eso y subordinado a eso, tomando la savia de su vivir de eso, y para decirlo con la frase gráfica que corresponde al nombre de comida que Jesús dio a la Comunión, ayudando a la digestión y a la asimilación de nuestra Hostia.

( tomado de "Mi Comunión de María")

viernes, 28 de mayo de 2010

Entrevista - Carmita Coronado

-Breves datos biográficos
Me llamo Gladys Carmita Coronado Núñez. Nací en Quito, un 24 de julio de 1951 en una familia católica, de clase media. Recibí educación en escuelas de franciscanas y de mercedarias; la secundaria ( Normal para formación de docentes) con salesianas, “María Auxiliadora” en Quito. Los estudios superiores en Pedagogía, Teología en la Universidad Católica; mi formación en Comunicación, Universidad Central de Quito y mi maestría en Comunicación, en la PUCE de Quito. El resto de formación en docencia universitaria y sus ramas en la Salesiana de Quito, donde soy docente en la carrera de Filosofía y Pedagogía, así como en Teología Pastoral. Mi camino docente empezó con niños de jardín de infantes. Me encanta la docencia, la música instrumental, las flores y los helados. Disfruto con los viajes y el contacto con la gente que conozco y de la cual aprendo mucho.

Me casé hace 32 años con Armando que también es comunicador social (radio y televisión); tenemos dos hijos: Daniel, que es ingeniero agrónomo, soltero; Mayra, artista que pinta, diseña, y es casada hace cinco años con Lucio(argentino) y de ese amor una niña hermosa, mi nieta llamada Yanúa Violeta con dos años cuatro meses. Mis hijos han sido y siguen siendo una gran motivación en mi vida (en la foto con Yanúa y Mayra)

-Sabemos que ha sido catequista desde muy joven . Podría contarnos cómo sintió su llamado a ser catequista
Mientras estuve con las salesianas, una de ellas picó mi corazón con una invitación a formarme como catequista; no me costó mucho responder y empezar un camino (tenía 16 años) que ha marcado mi vida y le ha dado un sentido, un norte y ha aportado para mi crecimiento como mujer, persona y sobre todo como cristiana. Cuando por esas cosas de Dios fui enviada al ICLA (Instituto Catequístico Latinoamericano) en Colombia, la experiencia de esos dos años de formación definieron lo que sería yo al servicio de los demás desde el ministerio de la catequesis. Ahora, desde el cargo en la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, no hago otra cosa sino acompañar a mis hermanos catequistas en su formación y sentido de su vida cristiana.

-Según su experiencia, ¿cuál sería la cualidad más importante que debe tener un catequista?
Una capacidad de entrega, sentir la necesidad de renovarse permanentemente, orar mucho, ser sencillo y humilde y con gran capacidad de apertura y escucha.

-¿Y el peor defecto?
Sentirse que ya sabe todo y estar por sobre los demás; subestimar a los otros.

-¿Cuál ha sido su mayor obstáculo en su tarea catequética?
Un buen tiempo fue mi enfermedad (ELA, esclerosis lateral amiotrópica) que me mantuvo mucho tiempo fuera de todo, pero a la vez, se constituyó en mi gran maestra para aprender a ser catequista.

-¿Qué piensa de los catequistas en nuestro país?
Siento mucha ternura; los veo cada vez con más ganas de formarse, de servir mejor a la iglesia desde sus hermanos; motivados por la catequesis; reconocen que no saben y quieren llenar ese vacío asistiendo a los cursos y jornadas; adquiriendo el material para su formación; aprendiendo cosas que en su vida habían visto. Son como niños, curiosos unos y otros asustados. También hay de los que creen que ya saben todo.

-¿Cuál es la mayor debilidad y la peor amenaza de la catequesis en Ecuador?
La mayor debilidad: falta de formación en sacerdotes, religiosos y religiosas en el campo catequético y como amenaza, el quemeimportismo de párrocos, su falta de coordinación y obediencia en el buen sentido, de las propuestas desde la Conferencia y el Magisterio, su falta de coherencia.

-¿Cuáles han sido los más recientes logros de la Pastoral Catequética?
La unificación del Proceso de Formación de los catequistas, en contenidos y en materiales para ello; otro sería, el trabajo en zonas, la organización en las jurisdicciones y los permanentes pedidos de formación y acompañamiento desde la Conferencia , departamento de Catequesis. Participación total de las jurisdicciones en los eventos y demás actividades que se programan. La Comisión Nacional funciona, en ella están todos los Responsables Diocesanos. Cursos de Biblia y Catequesis y ERE (Educación Religiosa Escolarizada).

-Nos podría contar cuáles son las nuevas iniciativas que emprenderá la Conferencia Episcopal Ecuatoriana en el área de la catequesis
Por un lado: se acabó de revisar los catecismos en todo su esquema pedagógico, doctrinal, diseño; el material está ya publicado. Está listo el Congreso de Catequesis para el mes de octubre. Se prepara el Encuentro Nacional para el 2011. Tendremos en Quito, las Jornadas de Catequesis de SCALA (Sociedad de Catequetas Latinoamericanos) con la participación y organización desde Catequesis. Fortalecer el trabajo de conjunto con otras pastorales: Jóvenes, Vocaciones, Misiones, Liturgia, Biblia. Con Liturgia, hemos preparado un material con el tema “Liturgia y Catequesis” para los cursos respectivos.

- Un mensaje para quienes son o quieren ser catequistas
Dar a Cristo desde mi propia experiencia lo hace sentir vivo, resucitado; anima a los indiferentes y motiva a los que no lo conocen. Entrega tu vida a su servicio, comunícalo a otros, compártelo. Que tu vida se desgaste por la extensión del Reino, acompaña a otros a hacerlo.
Con mucho cariño desde Ecuador.

martes, 25 de mayo de 2010

Grandes Catequistas - San Cirilo de Alejandría, obispo

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

No es difícil demostrar, con el testimonio de las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que el Espíritu transforma y comunica una vida nueva a aquellos en cuyo interior habita.

Samuel, en efecto, dice a Saúl: Te invadirá el Espíritu del Señor, te convertirás en otro hombre. Y San Pablo afirma: Y todos nosotros, reflejando como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor, por la acción del Señor, que es Espíritu. Porque el Señor es Espíritu.

Vemos, pues, la transformación que obra el Espíritu en aquellos en cuyo corazón habita. Fácilmente los hace pasar del gusto de las cosas terrenas a la sola esperanza de las celestiales, y del temor y la pusilanimidad a una decidida y generosa fortaleza de alma. Vemos claramente que así sucedió en los discípulos, los cuales, una vez fortalecidos por el Espíritu, no se dejaron intimidar por sus perseguidores, sino que permanecieron tenazmente adheridos al amor de Cristo.

Es verdad, por tanto, lo que nos dice el Salvador: Os conviene que yo vuelva al Cielo, pues de su partida dependía la venida del Espíritu Santo.

Catequizar a través de una revista

martes, 18 de mayo de 2010

Grandes Catequistas - San Cirilo de Jerusalén, obispo

EL AGUA VIVA DEL ESPIRITU SANTO

El agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua viva, que brota para comunicar vida eterna. Se nos habla aquí de un nuevo género de agua, un agua viva y que brota; pero que brota sólo sobre los que son dignos de ella. Más, ¿por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espíritu? Porque el agua es condición necesaria para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas y de los seres vivos, porque el agua de la lluvia baja del cielo, porque, deslizándose en un curso siempre igual, produce efectos diferentes. Diversa es, en efecto, su virtualidad en una palmera o en una vid, aunque en todos es ella quien lo hace todo; ella es siempre la misma, en cualquiera de sus manifestaciones, pues la lluvia, aunque cae siempre del mismo modo, se acomoda a la estructura de los seres que la reciben, dando a cada uno de ellos lo que necesitan.

De manera semejante, el Espíritu Santo, siendo uno sólo y siempre el mismo e indivisible, reparte a cada uno sus gracias según su beneplácito. Y, del mismo modo que el árbol seco, al recibir el agua, germina, así también el alma pecadora, al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de justicia. Siendo él, pues, siempre igual y el mismo, produce diversos efectos, según el beneplácito de Dios y en el nombre de Cristo.

Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera, y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar la mente del que lo recibe y, después, por las obras de éste, la mente de los demás.