"Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a todas las gentes"

Páginas

miércoles, 6 de agosto de 2014

Catequesis y Pastoral de Conjunto

Cuando San Pablo afirma que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, habla muy en serio. Nosotros somos los miembros de ese cuerpo, con distintas funciones, ministerios y carismas, pero siempre un solo cuerpo del cual Cristo es la cabeza. De ahí que en una Iglesia local o diócesis, sea tan necesario tener esa conciencia de ser un cuerpo, de trabajar siempre con el único objetivo que mueve a toda la Iglesia universal: la salvación de las almas.

La catequesis es parte integral de ese cuerpo y tiene una misión tan importante como definida: la educación en la fe de todos los fieles (no sólo de los niños y jóvenes). Y esa educación se hace por delegación del obispo, quien es el primer responsable de la enseñanza en la diócesis.

Es precisamente por esa unidad del cuerpo, que una parroquia no se puede aislar en ningún sentido, porque estaría separándose y un cualquier miembro que se separa del cuerpo termina muriendo. Toda parroquia necesita estar integrada al plan pastoral de la Iglesia local, incluyéndose en las diversas actividades programadas desde la diócesis. En cada parroquia se debe reflejar la organización diocesana, en cada una de las áreas pastorales trazadas por el pastor. Quizás no siempre se logre al 100 %, por falta de personal o por la juventud de la comunidad parroquial, pero siempre se debe mantener la marcha hacia el objetivo.

En cuanto a la catequesis parroquial, es imprescindible que esté integrada al departamento de catequesis de la diócesis. Esa integración fortalecerá el proceso y permitirá a los catequizandos integrarse a la diócesis y no sólo a determinada parroquia. El uso de los textos oficiales, pensados para la realidad diocesana, la participación de los catequistas en la escuela de formación de la diócesis, la unidad en el método, etc, ayudarán a hacer más eclesial nuestra catequesis, más diocesana, más católica.


No olvidemos nunca que la necesaria unidad depende de cada individuo, cada catequista y cada parroquia serán gestores de esa pastoral de conjunto, tan anhelada y necesaria.

P. César Piechestein
@elcuradetodos

martes, 1 de julio de 2014

Catequesis y ejemplo de vida - San Agustín


SI BUSCARE AGRADAR A LOS HOMBRES, NO SERIA SIERVO DE CRISTO

Esta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia. Hay hombres que juzgan temerariamente, que son detractores, chismosos, murmuradores, que se empeñan en sospechar lo que no ven, que se empeñan incluso en pregonar lo que ni sospechan; contra esos tales, ¿qué recurso queda sino el testimonio de nuestra conciencia? Y ni aun en aquellos a los que buscamos agradar, hermanos, buscamos nuestra propia gloria, o al menos no debemos buscarla, sino más bien su salvación, de modo que, siguiendo nuestro ejemplo, si es que nos comportamos rectamente, no se desvíen. Que sean imitadores nuestros, si nosotros lo somos de Cristo; y si nosotros no somos imitadores de Cristo, que tomen al mismo Cristo por modelo. El es, en efecto, quien apacienta su rebaño, él es el único pastor que lo apacienta por medio de los demás buenos pastores, que lo hacen por delegación suya.

Por tanto, cuando buscamos agradar a los hombres, no buscamos nuestro propio provecho, sino el gozo de los demás, y nosotros nos gozamos de que les agrade lo que es bueno, por el provecho que a ellos les reporta, no por el honor que ello nos reporta a nosotros. Está bien claro contra quiénes dijo el Apóstol: Si buscare agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. Como también está claro a quiénes se refería al decir: Procurad agradar a todos en todo, como también yo procuro agradar a todos en todo. Ambas afirmaciones son límpidas, claras y transparentes. Tú limítate a pacer y beber, sin pisotear ni enturbiar.

Conocemos también aquellas palabras del Señor Jesucristo, maestro de los apóstoles: Alumbre vuestra luz a los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre celestial, esto es, al que os ha hecho tales. Nosotros somos su pueblo, el rebaño que él guía. Por lo tanto, él ha de ser alabado, ya que él es de quien procede la bondad que pueda haber en ti, y no tú, ya que de ti mismo no puede proceder más que maldad. Sería contradecir a la verdad si quisieras ser tú alabado cuando haces algo bueno, y que el Señor fuera vituperado cuando haces algo malo. El mismo que dijo: Alumbre vuestra luz a los hombres, dijo también en la misma ocasión: No hagáis vuestra justicia delante de los hombres. Y del mismo modo que estas palabras te parecían contradictorias en boca del Apóstol, así también en el Evangelio. Pero si no enturbias el agua de tu corazón, también en ellas reconocerás la paz de las Escrituras, y participarás tú también de su misma paz.

Procuremos, pues, hermanos, no sólo vivir rectamente, sino también obrar con rectitud delante de los hombres, y no sólo preocuparnos de tener la conciencia tranquila, sino también, en cuanto lo permita nuestra debilidad y la vigilancia de nuestra fragilidad humana, procuremos no hacer nada que pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano más débil, no sea que comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura pisoteemos los pastos de Dios, y las ovejas más débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber un agua enturbiada.

martes, 3 de junio de 2014

Escuela para Catequistas


Todos sabemos la importancia que tiene para la Iglesia la labor catequética. Sin embargo quienes debemos estar más enterados somos los mismos catequistas. No me cansaré de decir y de demostrar (lo digo como párroco) que la única forma de que una parroquia crezca y fructifique, es a través de la catequesis, cuando ella es verdadera educación de la fe.

Por todo lo dicho es imprescindible que quienes tienen la responsabilidad de catequizar estén doctrinalmente preparados y pedagógicamente actualizados. Sabemos que el Espíritu Santo sabe hacer fructificar cualquier “intento” de catequesis, pero eso no justificará nunca el que no aprovechemos las oportunidades que se nos ofrecen para formarnos.

Sabemos de buena fuente que ya son muchas las diócesis en todo el mundo que, con paciencia y constancia, han ido constituyendo las llamadas “Escuelas para Catequistas”. En nuestra arquidiócesis son una realidad desde hace ya siete años, y hay que reconocer que están marcando una gran diferencia. Quizás lo más evidente es que ahora los catequistas han aprendido a trabajar en equipo y comprendido que nadie “se las sabe todas”, por lo que es necesaria la formación permanente.

Quisiera con este mensaje motivar a todos a participar activamente en las escuelas de formación, y si resulta que en su diócesis aún no tienen la bendición de una escuela para catequistas, les aconsejo que se acerquen a su obispo y le pidan que se instituya una, tengan por seguro que se sorprenderá gratamente de semejante solicitud y pondrá todos los medios para que se haga realidad.

P. César Piechestein

elcuracatequista

miércoles, 28 de mayo de 2014

Militarizar la Catequesis - Tips para la Catequesis


Hace pocos días iniciamos la catequesis en mi parroquia. Este año hemos sido bendecidos con un número todavía mayor de catequizandos y esto nos exige más cuidado y mejor organización. Y es que cuando de distribuirlos, ubicarlos y devolverlos se trata, tenemos todo un procedimiento que puede llegar a parecer exagerado, tanto como para que alguien diga que “en San Alejo la catequesis está militarizada”.

Quizás podría aceptar que se puede sentir algo de “militar” en nuestra catequesis, pero quisiera que se pusiera cualquiera a dirigir más de doscientos niños evitando que la Misa y el ingreso o egreso de la catequesis se convierta en caos o estampida. La cosa es seria y pienso que más bien habría que descubrir el lado positivo de la “militarización”.

Manejar grandes cantidades de personas exige mucha organización, aunque para ser sinceros, también el criterio vale para manejar a pocas. Lo que cuenta es que todo en la catequesis tiene que ser enseñanza. Saber conservar el recogimiento en el templo, ayudar a los demás a orar y celebrar la liturgia, son detalles muy importantes y que deben ser enseñados. Respetar a los más pequeños, evitar empujones y mantener la calma, son expresiones de respeto y caridad.

La disciplina que se enseñaba en las escuelas (en mis tiempos, no se ahora) parecería bastante útil para enseñar compostura. Formar fila, saludar a los maestros y a la bandera, no correr en las escaleras o los pasillos, no masticar chicle en el aula o gritar, son “detallitos” de buena conducta y disciplina que considero valiosísimos.

Creo que “militarizar” la catequesis podría estar produciendo una nueva generación de católicos que sepan comportarse en el templo y fuera de él. Nadie podrá negarme el valor que tienen la urbanidad y los buenos modales, que lastimosamente cada vez se enseñan menos. Les digo sinceramente que mientras nadie me muestre un método mejor, seguiré serenamente militarizando mi catequesis parroquial.

P. César Piechestein

elcuracatequista

martes, 13 de agosto de 2013

Armonizar doctrina y vida cristiana - Tips para la catequesis




Creo que hemos escuchado muchas veces decir que en nuestras comunidades cristianas se nota un divorcio entre fe y vida. Parece que nos cuesta mucho ser coherentes con la fe que profesamos. No es extraño, por ejemplo, que una pareja inicie la convivencia sin haber recibido primero el sacramento del matrimonio. Es necesario, y yo diría urgente, lograr que nuestra Iglesia se destaque por una vida cristiana auténtica. Y es la catequesis una de las herramientas más importantes en ese proceso que debe reconciliar la fe y la vida.



Sin  embargo el desafío es grande. Hemos pasado de textos de catequesis o de doctrina cristiana, donde con el método de preguntas y respuesta, se memorizaba las verdades de la fe (sin una reflexión o aplicación en la vida cotidiana) o textos que hablan solamente sobre la praxis cristiana y el análisis de la realidad (carentes de marco doctrinal). Y nos quedamos con el fenómeno del péndulo. Obviamente ninguno de los extremos resulta eficaz cuando de formar un cristiano completo se trata. 

Nos toca encontrar el punto de equilibrio, la armonía que dan el fundamento doctrinal de la vida cristiana. Gracias a Dios nuestros textos de catecismo son cada vez más completos: hecho de vida, citas del Evangelio, mensaje cristiano explicado y desarrollado, además de aplicado a la vida. El mismo Catecismo de la Iglesia Católica que ya cumplió sus 20 años de publicación, es un instrumento completo en sí mismo. Tendría que ser, junto a la Biblia, el texto de cabecera no sólo de todo catequista, sino de todo católico que se tome en serio su vida y su fe.

Asumamos el reto de formar en la fe a las nuevas generaciones, dándoles una doctrina sana y completa que ilumine cada dimensión humana. Que nuestras reuniones de catequesis sean un espacio de reflexión, formación y oración; que nuestros grupos de catequesis sean pequeñas comunidades donde se aprenda a vivir en cristiano.

P. César Piechestein
elcuracatequista

miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Por qué es importante la genuflexión? - Tips para la catequesis

Siempre se dice que en una construcción el acabado cuenta mucho, más aún cuando se trata de un mueble o una artesanía. Los detalles tienen, en esos casos, un grandísimo valor. Cuando se trata de nuestra fe y de cómo la exteriorizamos, también los detalles tienen un valor muy grande. Por eso hoy quisiera que toquemos el tema de la genuflexión.

Creo que a todo catequista le debería de preocupar la actitud que los catequizandos (y sus familiares) tengan dentro del templo y más aún, durante las ceremonias litúrgicas. Cierto es que algunos insisten en que lo que cuenta es la disposición interna, pero lo interior se manifiesta siempre exteriormente. Les invito a leer esta reflexión que nos hace el Beato Manuel González:

Un barómetro espiritual raro

  "¿Queréis saber a qué altura de fe, instrucción religiosa y piedad, se encuentra el alma de cualquier cristiano?
   Ved lo que dobla delante de Jesús sacramentado.
   ¿Ligeramente el cuello o la cintura? Pocos grados de aquélla o ninguna.
   ¿Un poquitín la rodilla? Un grado más.
   ¿Una rodilla en tierra? Otro grado más.
   ¿Las dos rodillas y la cabeza inclinada? ¡Eche usted grados!
   No me meto en explicar la relación entre la piedad del espíritu y la flexibilidad de los músculos; la encomiendo a los psicólogos.
   Me limito a hacer notar el fenómeno y pedir al Amo nos dé muchos católicos de dos rodillas."
(En busca del Escondido, Obras Completas n.2745, Beato Manuel González)

¿Qué les parece?  Muy cierto y hasta nos saca uno sonrisa ¿o no? Creo que haría mucho bien si lo compartimos en la catequesis y hasta en los grupos pastorales. Tiene mucho valor a los ojos de Dios que le tributemos el culto de adoración que le corresponde sólo a Él y además la genuflexión es un acto de fe, por lo tanto al hacerlo estamos profesando públicamente que creemos en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Termino recordándoles que cada vez que pasamos por delante del Sagrario y entramos o salimos del templo, debemos hacer la genuflexión simple (una rodilla, la derecha). Cuando el Santísimo Sacramento está expuesto se debe hacer la genuflexión doble, es decir, ambas rodillas se deben doblar e inclinar la cabeza. No son ritualismos (como algunos dirían) sino la manera en que se debe saludar al Rey de reyes y Señor de señores.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista

miércoles, 2 de enero de 2013

Grandes Catequistas - De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo




Les comparto ésta hermosa catequesis que nos habla de lo profunda que puede ser la amistad y de cómo, cuando se trata de amigos cristianos, se convierte en camino de santificación. Ojalá nos ayude a cultivar mejor nuestras amistades y a enseñar a nuestros catequizandos el valor de la amistad cristiana.




Como si los dos cuerpos tuvieran un alma común
 
Nos habíamos encontrado en Atenas, como el curso de un río que, naciendo en una misma patria, se divide luego hacia diversas regiones (a donde habíamos ido por el afán de aprender) y de nuevo, de común acuerdo, por disposición divina, vuelve a reunirse.

Por entonces, no sólo admiraba yo a mi grande y querido Basilio, por la seriedad de sus costumbres y por la madurez y prudencia de sus palabras, sino que inducía también yo mismo a los demás que no lo conocían a que le tuviesen esta misma admiración. Los que conocían su fama y lo habían oído ya lo admiraban.

¿Qué consecuencias tuvo esto? Que él era casi el único que destacaba entre todos los que habían venido a Atenas para estudiar, y que alcanzó honores superiores a los que correspondían a su condición de mero discípulo. Éste fue el principio de nuestra amistad, el pequeño fuego que empezó a unirnos; de este modo, se estableció un mutuo afecto entre nosotros.

Con el correr del tiempo, nos hicimos mutuas confidencias acerca de nuestro común deseo de estudiar la filosofía; ya por entonces se había acentuado nuestra mutua estimación, vivíamos juntos como camaradas, estábamos en todo de acuerdo, teníamos idénticas aspiraciones y nos comunicábamos cada día nuestra común afición por el estudio, con lo que ésta se hacía cada vez más ferviente y decidida.

Teníamos ambos una idéntica aspiración a la cultura, cosa que es la que más se presta a envidias; sin embargo, no existía entre nosotros tal envidia, aunque sí el incentivo de la emulación. Nuestra competición consistía no en obtener cada uno para sí el primer puesto, sino en obtenerlo para el otro, pues cada uno consideraba la gloria de éste como propia.

Era como si los dos cuerpos tuvieran un alma en común. Pues si bien no hay que dar crédito a los que afirman que todas las cosas están en todas partes, en nuestro caso sí podía afirmarse que estábamos el uno en el otro.

Idéntica era nuestra actividad y nuestra afición: aspirar a la virtud, vivir con la esperanza de las cosas futuras y tratar de comportarnos de tal manera que, aun antes de que llegase el momento de salir de esta vida, pudiese decirse que ya habíamos salido de ella. Con estos pensamientos dirigíamos nuestra vida y todas nuestras acciones, esforzándonos en seguir el camino de los mandamientos divinos y estimulándonos el uno al otro a la práctica de la virtud; y, si no pareciese una arrogancia el decirlo, diría que éramos el uno para el otro la norma y regla para discernir el bien del mal.

Y, así como hay algunos que tienen un sobrenombre, ya sea heredado de sus padres, ya sea adquirido por méritos personales, para nosotros el mayor título de gloria era el ser cristianos y ser con tal nombre reconocidos.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Catequesis de adultos jóvenes - Tips para la catequesis



La semana pasada comencé a catequizar un grupo de adultos jóvenes. Esta sería la quinta vez que hago la experiencia. Es un grupo bastante homogéneo en lo que respecta a edad, pues casi todos tienen entre 18 y 20 años. Quisiera compartir algunas reflexiones al respecto, siempre desde mi experiencia personal, que puedan serles útiles en casos similares.

-    - Primer punto a favor de tener catequizandos de esa edad es que asisten porque propia decisión y convencidos de lo que quieren. Ustedes y yo sabemos que con los niños no sucede siempre así y mucho menos con los adolescentes. Educar en la fe a adultos jóvenes ofrece la ventaja de una buena disposición a la hora de aprender.

-       - Esa misma ventaja viene unida a una que yo no llamaría desventaja sino más bien desafío. En nuestra realidad sudamericana tenemos la influencia protestante por doquier y un adulto que no ha sido catequizado tendrá seguramente muchas confusiones e interrogantes sobre los consabidos temas que promueven los hermanos de las sectas. Eso se convierte en un desafío porque el catequista se convierte en apologeta, en defensor de la fe, lo que exige invertir más tiempo y mayor preparación.

-          - Otro desafío con un grupo así es el tema vocacional. Desafío porque no es fácil, aunque se convierte en una prioridad cuando de educar en la fe se trata. Animar al discernimiento vocacional a los adolescentes es importantísimo, pero a los adultos jóvenes les toca ya decidirse, por lo tanto es imprescindible que el catequista se prepare para poder orientarles adecuadamente. Como sugerencia diría que es conveniente hacerse ayudar de un sacerdote que participando aunque sólo sea en un encuentro de catequesis, podrá iluminarles mucho y animar a aquellos que tengan inquietud hacia el sacerdocio. Lo mismo se puede afirmar con respecto a las jovencitas, invitando a una religiosa.

Ya me quedó un poco larga ésta entrega, la próxima semana les comparto un poco más sobre el mismo tema. Espero que les sirva y les anime a catequizar a los adultos, que aunque sea un reto es igual de hermoso que educar en la fe a los niños.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuracatequista