Les comparto este cuentito que nos puede ayudar como instrumento en la catequesis. No es tan fácil hacerles comprender a los catequizandos el valor de las virtudes teologales y como éstas van sosteniendo nuestro peregrinar en el mundo. Perderlas sería empobrecernos terriblemente, pero conservarlas sin tenerlas en cuenta, sin hacerlas crecer llevándolas a actos concretos, es también un desperdicio. Creo que la historia nos da todas las pautas para ver como esta riqueza que recibimos en el bautismo se hace patente en las circunstancias más cotidianas.
TRES PIEDRAS PRECIOSAS
TRES PIEDRAS PRECIOSAS
Cuentan los cuentos que, el primer árabe que se aventuró a cruzar el desierto, se encontró junto a una cueva con un anciano de aspecto venerable quien le preguntó:
- Joven, ¿A dónde vas?
El anciano quedó pensativo un momento, y luego añadió:
- Deseas algo difícil. Para cruzar el desierto te harán falta tres cosas: Toma estas piedras. Este topacio es la fe, amarillo como las arenas del desierto; esta esmeralda es la esperanza, verde como las hojas de las palmeras; y este rubí, es la caridad, rojo como el sol de poniente. Anda siempre hacia el sur y encontrarás el Oasis de Náscara, donde vivirás feliz. Pero no lo olvides: Por nada pierdas ninguna de las piedras, de lo contrario, no llegarás a tu destino.
El joven se puso en camino, y recorrió primero ágilmente y conforme fue pasando el tiempo más penosamente kilómetro tras kilómetro a través de las dunas amarillentas del desierto, montado sobre su camello.
Un día le asaltó una duda:
- ¿No me habrá engañado el anciano? ¿Y si no existiera el Oasis que me prometió, y el desierto no tuviera realmente fin?
Ya iba a volverse, cuando notó que "algo" se le había caído sobre la arena... Era el topacio. El joven se bajó para cogerlo y pensó:
- No, no. Tengo que confiar en la promesa del anciano. Seguiré mi Camino.

- Tengo que ser fuerte... tal vez, un poco más allá, estará el Oasis. Si no sigo, moriré sin remedio. Mientras tenga un soplo de vida continuaré mi viaje.
Siguió el joven su camino, cuando encontró un pequeño charco de agua junto a una palmera. Ya iba a lanzarse sobre aquel diminuto "oasis" cuando vio los ojos de su camello suplicantes y tiernos, como los de un hombre pordiosero, solicitando el agua. Pensó, entonces, que debería tener piedad de su animal desfallecido... él aún podía resistir un poco más, y el camello lo había llevado hasta allí... entonces, dejó que la bestia bebiera aquellos pocos sorbos.
¡Cuál no sería su asombro cuando el camello cayó muerto a sus pies! El agua estaba corrompida, y su animal se envenenó... En el suelo, notó el joven que brillaba el rubí, que se le había caído, y lo recogió, dando gracias al Cielo por haber recompensado su generosidad, y evitado su muerte.
Sintió ánimos renovados, y después de un corto trayecto, alzó la mirada y vio a lo lejos unas palmeras: ¡Era el oasis de Náscara! Al llegar, encontró junto a una limpia fuente, a un anciano que le sonrió alegremente y le dijo:
- Has llegado a tu destino puesto que has conservado las tres piedras preciosas: La fe, la esperanza y la caridad. ¡Ay de ti si hubieras perdido alguna!, ¡hubieras perecido sin remedio!
El anciano, después de ofrecerle agua fresca y dátiles, se despidió de aquel joven diciéndole:
- Guarda siempre, a lo largo de tu vida, muy cerca de tu corazón, el topacio, la esmeralda y el rubí. Sólo así llegarás a cualquiera que sean tus metas... ¡Nunca los pierdas!
P. César Piechestein
elcuracatequista
P. César Piechestein
elcuracatequista
Me gusta este cuentico Padre Cesar... lo voy e tener en cuenta para darselo a conocer a mis chiquillos cuando iniciemos nuestro encuentro catequetico.. que sera en un mes...
ResponderEliminarClaro si ud me da permisito :) saludos desde Guayaquil
esta chevere este cuento padre.. gracias por seguir enseñandonos en la distancia... un abrazo y saludos
ResponderEliminarestos cuentos me son de mucha ayuda para mis grupos de chicos que el señor los bendiga siempre
ResponderEliminarhermoso cuento!!!. Me ayuda con mi encuentro de las virtudes.un abrazo gracias
ResponderEliminarEstá propio para que los chicos entiendan lo que es recibir las virtudes teologales que son realmente esas gemas que Dios nos regala, y lo importante que es no perderlas a pesar de las dificultades que encontremos en la vida, para llegar al Reino de Dios. Gracias padre. Bendiciones
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